Entrevistas
Entrevista a Natalia Litvinova
Mood Magazine
hace 1 mes

Xóchitl Salinas Martínez es escritora, editora, correctora de estilo, bloggera, promotora y difusora de la lectura.

 

 

 

La insistencia de la memoria

 

 

 

 

 

Por Xóchitl Salinas Martínez 

Hola, Natalia, muchas gracias por aceptar conversar conmigo. Sé que eres muy mujer muy activa y con una gran presencia en América del Sur por todo tu trabajo como poeta, editora, traductora y tallerista y que, gracias a tu talento, se va abriendo cada vez en Iberoamérica. Lo que si se, desde ya, es que tu presencia es fundamental en el mundo literario actual y que, en México, deberíamos conocer mucho más sobre ti y lo que haces así que conversemos un poco:

*¿A qué edad empezaste a leer poesía y qué fue lo que te cautivó de ella?

Escribí mi primer poema a los 13 o 14 años, sobre una flor. Lo escribí después de leer el Romancero gitano de Lorca, queriendo copiar su música, sus repeticiones, su rima. Lo que me hizo escribir aquel poema, en castellano, fue una necesidad de ir más haya del lenguaje puramente cotidiano y hacerlo en un idioma que no fuera el materno.

A los seis años ya dejaba pequeños escritos en la libreta de cocina de mamá, junto a las recetas que ella coleccionaba. Empecé a leer poesía en el colegio, era algo obligatorio, mis primeros poetas fueron Serguéi Esénin (poemas sobre la naturaleza) y a Pushkin (sus cuentos).

*¿Cómo fue tu comienzo en la escritura de poemas y qué es lo que necesitabas decir en esos momentos?

Publiqué mi primer libro, Esteparia, a los 23 años. Pero lo había empezado a escribir a los 18 años, lo reescribí varias veces antes de la edición, paso por varias etapas de reescritura parcial e incluso de reescritura completa. Hoy puedo decir que esos poemas los escribí de manera inconsciente (y no me refiero al pulido de los poemas sino de cómo llegaban a mí las imágenes). Lo recuerdo como una época muy linda, leía a autores que me elevaban o me bajaban de golpe a la tierra, a los detalles a lo micro. Ciertos recuerdos salpicados de mi infancia insistían, lo que hice en Esteparia fue fijar esas insistencias. En esos poemas hablo de la muerte de mi padre, ficcionalizo lo poco que sabía de mi abuelo, me interesaba describir la naturaleza, ciertos climas de opresión, y también el traslado a Buenos Aires o el fin de la infancia, pero no de manera muy narrativa. Para resumir, esos primeros poemas me hacían pensar en lo que pasa con lo que está lejos y que hace poco había sido mi casa, mi cotidianeidad.

*Después de cinco poemarios publicados, ¿cómo consideras que ha ido madurando tu voz poética?

Publiqué cinco poemarios y en cada libro influyó el paso del tiempo y la investigación que cada “proyecto” requirió. Por ejemplo, mientras escribía los poemas de Cesto de trenzas, me sumergí en varios hechos históricos e investigué a los partisanos polacos y su resistencia en Bielorrusia. Nada de esa información, rica e interesante, entró en el libro, pero me ayudó a conformar el tono y el clima. Y creo que mi voz y los temas que me interesan, se van sensibilizando ante, o con, lo que sucede en la realidad, en la actualidad que nos toca vivir.

*Háblanos, por favor, acerca de tus más recientes poemarios: Cesto de Trenzas (La Bella Varsovia) y la nueva edición de Siguiente Vitalidad (Audisea)

Cesto de trenzas es mi reciente poemario, Elena Medel lo describió como un libro que he escrito con la ambición de conservar las historias de las mujeres que me precedieron. Y claro que coincido con esta idea. Los personajes de Cesto de trenzas son una niña, su madre, su abuela y las mujeres de un pueblo que no tiene nombre (además de los animales y de algunos hombres que aparecen en situaciones bien puntuales). Los hombres aparecen poco porque tal vez se fueron a la guerra, o quizás porque volvieron con sus traumas a cuestas. Las mujeres trabajan en el campo, mientras cantan, lloran y ríen. La niña describe desde su punto de vista la vida que la rodea, sus rituales y castigos.

Siguiente vitalidad es un libro que se reeditó en diferentes países y aproveché eso como una posibilidad para revisarlo y modificarlo, quitando o agregando poemas. Es un poemario “vital” en ese sentido, todas las ediciones presentan diferencias necesarias. Es un libro “cofre”, del que fui sacando poemas sobre Chernóbil, sobre el amor y el erotismo, sobre la desintegración del pasado, las primeras caídas.

*Uno de los proyectos editoriales más interesantes que están saliendo al mercado en Argentina es el catálogo de la Editorial Llantén, ¿cómo se da el acercamiento con ellos para que tradujeras para ellos?

Con Tom Maver, poeta y traductor, hace menos de un año decidimos abrir nuestra editorial y la llamamos “Llantén”, el llantén es una planta con propiedades curativas. Tom traduce del inglés y yo del ruso, un día nos dimos cuenta de que debíamos dar un paso importante y arriesgado, pero necesario: abrir una editorial para publicar allí a los poetas que según nuestro gusto y criterio, son imprescindibles y enriquecen el panorama literario actual. Para empezar publicamos a cuatro mujeres: a Marina Tsvietáieva, sus poemas de 1915 y 1916, a Westonia Murray, autora australiana que escribe poemas eróticos, a Hilde Domin, poeta alemana que vivió más de 20 años en el exilio, traducida por Geraldine Gutiérrez Wienken, y a Nika Turbiná, una poeta que llegó a ser reconocida a los 11 años de edad, murió joven y tuvo una vida sorprendente y trágica. Nuestra idea es traducir a poetas poco conocidos o cuyas obras son difíciles de conseguir. El año que viene vamos publicar a la poeta colombiana Piedad Bonnett, al poeta palestino Zakaria Mohammed y a la poeta argentina Susana Villalba.

*Estás tan inmersa en el mundo literario que me gustaría que nos contaras, por favor, a quiénes estás leyendo en estos momentos.

Justo hoy compré el libro de ensayos de Svetlana Boym,  experta en lengua y literatura eslava, que se titula “El futuro de la nostalgia”, temas como el exilio y la nostalgia, son las claves de este libro. Estoy leyendo “1917” un breve libro de ensayos de Martín Kohan sobre la Revolución Rusa y “Necrópolis” de Vladislav Jodásevich. Todo muy ruso, ¿no? También estoy leyendo y releyendo a Susana Villalba, una gran poeta argentina.

*Una parte fundamental en tu escritura es la infancia y las presencias de tu abuela y tu madre, ¿podrías contarnos algún recuerdo con ellas que aparezca en alguno de tus poemas?

Me interesa la infancia como tema. La infancia como una isla, como un país aparte. Uno de mis libros preferidos es En tierras bajas de Herta Muller, en ese libro tan poético con un gran componente onírico, se traza esa infancia donde las mentiras duelen más que la noción de la muerte.

Y en cuanto a las anécdotas que he utilizado de mi propia infancia en los poemas, son varias, por ejemplo en un poema de Esteparia describo a mi abuelo que tiembla antes de quedarse dormido frente al televisor. Una vez le pregunté a qué se debía ese temblor, me dijo que era porque no podía dejar de pensar en la guerra. Se ve que la guerra seguía implotando en él. Mi abuelo Pedro (Piotr) combatió en la 2da Guerra Mundial.

*Ya para despedirnos, sabemos que tus raíces Bielorrusas son fundamentales para ti y para tu trabajo; eres una de las traductoras del Ruso más importantes con las que contamos actualmente; cuéntanos una de tus experiencias vitales por esos lugares.

Bielorrusia es el lugar donde nací y pasé mi infancia, eso es más que suficiente para volver allá, en la escritura o con la imaginación y utilizar el pasado con materia, como “material”. A demás es un país muy interesante porque está buscando definir su identidad, está revisando sus raíces, igual que yo. En “El futuro de la nostalgia”, el libro que mencioné, Svetlana Boym habla de la nostalgia de los escritores y artistas que se exiliaron y no retornaron a su patria, por eso nunca pararon de aludir, de acercarse a su tierra natal, en los escritos. Yo siento algo similar.

 

 

 

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*Natalia Litvinova (Gómel-Bielorrusia, 1986). Poeta y traductora. Escritora argentina de origen bielorruso. Codirige la editorial Llantén junto a Tom Maver. Obtuvo el Premio estímulo de la Fundación Argentina para la Poesía (2017). Ha publicado en poesía Esteparia (2010), Grieta (2012), Todo ajeno (2013), Cuerpo textualizados (en coautoría con Javier Galarza, 2014), Siguiente vitalidad (2015) y Cesto de trenzas (2018), en España por La Bella Varsovia, en Argentina por Llantén y en Chile por Edicola.