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hace 3 meses

Salvador Mendiola (México, 1952). Poeta, periodista y catedrático en periodismo y ciencias de la comunicación.

 

Ante lo fatal de las elecciones

Por Salvador Mendiola

 

Llega la hora crucial de asistir a las urnas y cumplir con el deber y derecho ciudadano de votar. Momento importante para el futuro de México como sociedad política. Nos jugamos no poca cosa en esta elección.

Es triste y preocupante ver que no hubo opciones claras ni plenamente convincentes para la presidencia de la república, todo ha resultado opaco y mediocre por parte de los cuatro candidatos oficiales. Nada de estas campañas ha estado a la altura de la época que vivimos. Han sido mucha demagogia palabrera y muchas paparruchas (“Fake News” o “borregos”), con muy poca administración pública y argumentos de buen gobierno; mucha rijosidad camorrista, mucho ruido monótono de grillos amargados en las redes y poca, muy poca deliberación democrática. Casi nada de nada de debate razonado y constructivo. Acarreos y clientelismo, propaganda de estilo priista clásico por todas partes y de todos colores y sabores, con mucha histeria y paranoia de masas hasta con el candidato independiente.

Predominó el discurso huero del espectáculo por encima de las propuestas políticas claras y concretas, sobre todo en lo que más nos tiene que preocupar: seguridad, empleo, bienestar, salud y lo que todo eso nos debe costar a todos en dinero efectivo.

Lo grave del gris dominante en las campañas políticas es que la oferta mediocre de los candidatos corresponde de modo directo a la también demanda mediocre de la ciudadanía. Somos analfabetas funcionales para la democracia, cosa que no es únicamente un problema nacional, pues llega más allá de lo mal que nos educa la SEP con su libro de texto gratuito como monopolio ideológico para la enseñanza de civismo.

Pero lo positivo indudable es que esta vez se cuenta con un sistema electoral robusto para organizar las elecciones y contabilizar el voto, de manera que el fraude esta vez es lo más impensable, aunque ya lo cacaree el eterno candidato derrotado López, el mismo que nunca ha podido demostrar en forma legal efectiva sus denuncias o berrinches por fraude en las urnas de sus dos derrotas anteriores.

De lo muy importante que está en acción esta vez es la certeza de que nunca antes habíamos llegado como país a una elección presidencial con tantos votantes reales y en tal amplitud de libertades individuales, porque, con todo y sus sombras y desperfectos, también hoy contamos con un Estado de derecho efectivo como democracia republicana.

Pero esta vez el eterno candidato López, con su discurso populista de Estado totalitario, ya lo polarizó todo de forma brutal. Nada más nos deja con dos caminos: el de él como dictadura popular delirante o justo lo contrario que son los otros tres candidatos como democracia mocha, pero democracia abierta y muy cierta al fin y al cabo. Entonces, por el bien de todos, lo mejor será conservar activa la democracia, no ponerla en riesgo; las dictaduras, sean del lado que sean, nunca funcionan tal como se proponen, rápidamente se llenan de corrupción e injusticia, de represión y desconocimiento de los derechos humanos. Lo unipersonal no gobierna bien nada.

Y ahora es claro ver que lo de López sólo será la dictadura de un iluminado sin programa cierto, el gobierno unipersonal o presidencialista o interesado de quien dice y cree que todos los problemas de México los causa la corrupción y resulta que sólo puede ver y denunciar la corrupción y la inmoralidad en los otros, mientras perdona y defiende de modo necio todo lo sucio y turbio de quienes lo reconozcan y obedezcan como monarca supremo y amo del dogma moralino. Sus propuestas de gobierno en conceptos y personas no dicen nada positivo, prácticamente todo lo que ha dicho de un modo lo ha contradicho de otro muchas veces. Dicen que es por “pragmatismo” maquiavélico; lo será, pero tal mescolanza pragmática sólo se puede ver y entender como el deseo de alcanzar el poder por el poder y a como dé lugar, o sea, por puras ganas de ser el tirano supremo de México y párenle de contar.

Nunca nadie ha logrado la igualdad por decreto, así sólo se consigue aumentar la pobreza de todos, y siempre se reprimen muchas libertades necesarias nada más por esa ilusión de querer imponer la igualdad a como dé lugar.

Luego está el problema de quienes lo rodean cada vez en mayor número, porque prácticamente todos representan mucho de lo peor que él mismo critica y promete cambiar, de modo que parece mero sueño guajiro y tropical su idea de que solamente con su ejemplo honesto lo purificará todo de todo, porque bien se vio ya que cuando gobernó el DF no lo demostró en los hechos. De manera que si López gana la presidencia, lo predecible es un desajuste económico fuerte y pocas probabilidades de que a la larga no empeore todo para todos; disminuirá la producción y con ello el empleo real.

Por la polarización que él mismo ha causado, lo único que nos queda, si de verdad se desea lo mejor o menos peor para México, tendrá que ser votar contra López, recurrir al voto útil para detener al tirano en potencia. Entonces, el Bronco se descarta solo como opción útil. Mientras que Anaya no demuestra ser de toda confianza, hasta su familia y el tocar la flauta parecen pura tramoya teatral, por su modo oscuro de llegar como llegó a la candidatura y por la imposibilidad de demostrar en forma evidente que no ha sido corrupto y taimado.

Sólo nos va quedando Meade como candidato presidencial para ejercer el voto útil y evitar lo peor para todos. Porque Meade, sea como sea, es lo menos peor hasta en lo peor que tenga él por su cuenta. Después de todo, si se revisa con cuidado, Meade ha sido quien ha presentado las propuestas más claras y realistas de la contienda, también es más de confiar por la forma como ha trabajado en gobiernos de otros partidos, lo mismo que su correcta lealtad al PRI como el partido que lo postula a tan alto cargo. Tiene en su contra lo complicado de ser el candidato del PRI, cierto. Pero así él es también el candidato de un PRI dispuesto a cambiar en forma democrática y para la alternancia democrática como es, pues esta democracia abierta de hoy, sea como sea, es una hechura real del PRI.

Para que el resultado de las votaciones sea claro y definitivo será conveniente la asistencia de un alto número de votantes a las urnas de las elecciones de este 1o. de julio, lo más deseable es que sea cerca de un 70% del padrón electoral. De tal forma la elección será un acto real de voluntad popular. Porque sí es posible que, contra la apariencia de las encuestas, Meade, mediante el voto útil a su favor, le gane a López por más de tres puntos porcentuales y con ello le haga difícil al eterno candidato la salida berrinchuda del “fraude”. Tiene que ser un resultado que acabe también con la actual desconfianza de la población en la democracia y las instituciones, una demostración efectiva de que los mexicanos sí podemos ser democráticos a fin de elegir en política lo mejor para todos por medio de nuestra propia acción republicana, la realmente posible aquí y ahora.