Reseñas
Malicia de la buena
Mood Magazine
hace 4 semanas

Salvador Mendiola (México, 1952). Poeta, periodista y catedrático en periodismo y ciencias de la comunicación.

 

 

Por Salvador Mendiola

Se esparce, la malicia; cosa buena para todas.  Lo que se cree bueno y sin malicia, termina levantando cadalzos y quemando gente en leña verde. Florecen las libertades con la malicia creativa. Porque hay otras formas para educarnos, formas libertinas y divertidas. No todo es el gran encierro en el bostezo escolar institucionalizado. Y está vez vuela alto, muy alto, la negra blasfemia de La Poesía.

Recibir y comentar con mis palabras una obra como Malicia para niños de Adriana Tafoya (VersodestierrO: México, 2017), es todo un privilegio del ser pensante y sintiente, un goce inaudito para la conciencia poética. Tratar de presentar y explicar un poco de lo mucho que este libro de poesía nos convoca a experimentar como goce de lo bello y lo sabio, un goce que convoca el goce más alto y correcto, el goce libre de la justicia, lo que le da pleno sentido a la vida. Todo lo que nos da la poesía esencial como lección de vida en libertad, comunicación verdadera. La educación del espíritu que no pueden dar el Estado ni sus aparatos ideológicos, incluida la religión.

Porque Malicia para niños es el proyecto y la construcción de una conciencia que hoy día se desea más ética y política que nunca, menos estética y perceptiva, más crítica y autocrítica, más en la búsqueda de la justicia que da la buena conciencia. Un decir más cerca de lo cierto que sí salva, un decir que nos aleja de los bostezos predecibles de la política burguesa y la escuela domesticadora, que son lo más en contra del decir auténtico de las canciones y los poemas. Cambiar la vida para cambiar la historia.

A mi personal entender, la poesía de Adriana Tafoya es uno de los más interesantes vuelos de la palabra poética en este preciso momento histórico de nuestra lengua y nuestro ser. No es una promesa, porque su obra ya es algo muy cierto y bien trabajado, ya es una obra que se cumple y realiza de modo excepcional, con un rostro propio. Porque Adriana Tafoya es una poeta en su hora decisiva, cuando se entiende completa la comedia de la existencia en la tragedia de la muerte y el dar la vida, el cuerpo humano de las canciones. El drama de la libertad que es tener que pensar por cuenta propia y saber que mientras más pronto sea, mejor será.

Escritora de imágenes creativas e indagaciones trascendentes, poeta de ebriedades trans-románticas, ultra-surreales, de un realismo fantástico con personalidad propia y desde una ironía magistral, y son siempre ebriedades muy libres y liberadoras. Imágenes de lúcida rebeldía ante toda autoridad injusta. Poeta con un decir muy propio y un pensar original con sustancia. Por eso, yo considero importante el poder acompañar de cerca – como amigo, admirador, estudioso y crítico — tan compleja y ardua creación. Tener la emoción de ver la acción vital de una escritora esencial.

Un poetizar con proyecto arquitectónico urbano, cosmopolita. Porque la poesía de Tafoya no es una sola construcción aislada, sino un conjunto de construcciones y plazas, una ciudad utópica, situacionista y siempre en crecimiento; urbanismo sentimental, urbanismo de la vida cotidiana. Amor de muchos matices, socialidad de cada día, pero donde se da el instante de la iluminación completa, la risa del buda. Y esta vez es para niños.

Pero, que se sepa bien, Malicia para niños no es un libro para niños, si los niños son esas cosas horrendas que huelen a caca de perro y que dicen “popó” y “mi mami”, en vez de decir “caca” y “pinche vieja”. Pero sí es un libro “para niños”, en tanto que su planteamiento esencial va dirigido a lectores varones que aún conserven vivo todo lo que el des-orden familiar burgués impide que brote como deseo de libertad feminista trascendente. Porque este es un libro feminista para hacer que los niños dejen de oler a caca de perro y decir “mi mami” a todas las mujeres que se quieren coger para luego tenerlas como sirvienta.

Malicia… es un libro de poesía para dejar que las niñas sean inventoras y no vean la muerte como una vida de madre de niños que entienden la muerte como un dulce de abuelos borrachitos.

Para las niñas y las mujeres, estos poemas de Adriana Tafoya, hablan de modo indirecto, en diagonal, entre el propio existir y el existir con los otros, en caso “trans”, sin sexo ni género, pero en otro caso, cerca y lejos de lo normal, mas ya sin centro patriarcal o fálico, y sostienen un discurso en deriva donde se da la igualdad y equidad entre los géneros, porque pensar y morir es lo mismo para todo mundo. Tafoya poeta llama a las personas del sexo femenino para que reflexionen sobre lo que les falta inventar para emanciparse de la servidumbre voluntaria al desorden machista, al pensar de verdad lo que significan los niños como pensar y existir para el futuro, como todo mundo, pero cada quien diferente por completo, esos otros a quienes les inventamos una personalidad fantástica y siempre dependiente de los adultos. Entonces, los de Malicia para niños son poemas que hacen escuchar la voz reflexiva de los niños adultos, pues dejan nombrar el ser para la muerte sin miedo absurdo como se piensa antes de los trece años. Y lo nombran junto con la aventura de existir en un juego y tener que aprender a darle sentido con juguetes.

Malicia para niños es un libro de poesía muy bien pensada y tramada, no es un diario impúdico de poemitas líricos y quejas contra el gobierno pergeñados al azar. Malicia para niños es una educación sentimental organizada en dos movimientos musicales – Juguetes del diario (6 poemas) y Reflexiones de un niño sobre la muerte (con caja de borrachitos) (4 poemas) — con una asombrosa obertura minimalista – “Caligrama de mano” –y una coda también de características minimalistas de valor sublime y único: “Solazar”, un topoema concreto, una oración de amor al amor que vuela con amor más allá del amor.